En busca de un refugio para artistas de la palabra
Solidaridad. Red mundial en tratativas con el gobierno para recibir a perseguidos
24-10-10
RENZO ROSSELLO
En algunos lugares del mundo la palabra escrita es un blanco móvil. La política, la religión, e incluso el crimen organizado apuntan contra escritores. Una red internacional busca que Montevideo sea ciudad refugio para literatos en peligro.
El martes por la mañana dos escritores franceses entraron al despacho de la ministra interina de Educación y Cultura, María Simón. No se trataba sólo de una visita de cortesía. Era un paso más hacia un proyecto largamente soñado: contar con una casa refugio para escritores perseguidos por motivos políticos o religiosos.
Eric Sarner, escritor y guionista francés, reside en Montevideo desde hace poco más de dos años y forma parte de la Red Internacional de Ciudades Refugio (Icorn, por sus siglas en inglés). Esta organización con sede en Noruega es la heredera del Parlamento Internacional de Escritores que presidió en su momento el escritor indio Salman Rushdie, condenado a muerte por dictado del ayatolá Jomeini tras la publicación en 1988 de Los versos satánicos, su obra más célebre. Desde entonces han sido innumerables los escritores que por una u otra razón han sufrido persecución. Y no sólo de carácter político o religioso, tal el caso del italiano Roberto Saviano, «condenado» por el crimen organizado a raíz de su libro Gomorra.
La red busca entonces dar amparo a estos autores. En América Latina hay sólo una ciudad refugio, México, pero la organización busca que la ciudad de Montevideo se convierta en la segunda y pase a formar parte de una nómina que incluye a Barcelona, Oslo, Bruselas, Frankfort, Hanover, y a partir de enero de 2011, París, entre otras ciudades del mundo.
Philippe Ollé-Laprune es el director de la Casa Refugio Citlaltéptl, en México, que al cabo de una década convirtió la casa en un verdadero complejo cultural con sala de conferencias, librería, restaurante, además de vivienda para escritores. Ollé-Laprune, que habla un perfecto español con acento mexicano, resume el espíritu de la Casa Citlaltépetl: «Es un lugar que permite que quien se acerca a nosotros tenga una oferta bastante amplia, con la idea que la casa protege la palabra literaria en general».
En este momento la casa brinda refugio a una escritora proveniente de Karachévo-Cherkessia, un pequeño país en territorio ruso, Shakriza Bogatyreva. «Y teníamos hasta hace dos semanas a Hatem Abdulwashid Saleh, un poeta de Irak, que ya se fue de la casa pero ahora le ayudamos a rentar un pequeño departamento y a conseguir un trabajo para que pueda vivir allí», explica Ollé-Laprune.
La mecánica que sigue la red Icorn en estos casos es simple: un miembro de la organización entrevista al autor que pasa por este problema y evalúa su situación. Si realmente se trata de una situación de persecución o censura, se le da amparo en alguna de las ciudades por un lapso de no más de dos años. «Un año es muy corto para poder aprender el idioma, para hacerte amigos, es muy corto. Para que alguien se sienta como del lugar toma su tiempo», explica Ollé-Laprune.
Durante ese periodo la red procura asistir al exiliado en su inserción. La mayoría de ellos, una vez que consigue asentarse en un lugar y, siempre y cuando no pueda regresar a su patria, prefiere dejar su sitio para otro colega en apuros.
Para el caso de Montevideo, los miembros de la organización aspiran a una estructura sencilla que les permita dar una primera acogida.
«Yo creo que acá en Montevideo, se puede empezar con una estructura muy básica y sin un lugar, que sería bárbaro de tener, pero con un poco de plata para ayudar a los escritores, uno o dos, no más, para alquilar algo sería suficiente», resume Sarner.
Los contactos se iniciaron hace poco más de un año, cuando Ricardo Ehrlich era aún el intendente de Montevideo. El proyecto había entusiasmado al jefe comunal, pero la proximidad de las elecciones nacionales y luego el cambio de gobierno -que además supuso una nueva responsabilidad para el propio Ehrlich- postergaron las decisiones.
«No tengo hasta ahora proposiciones concretas, pero creo que están pensando, están convencidos de que hay que hacer algo», confía Sarner.
Tanto él como su colega radicado en México están convencidos de que Montevideo tiene todas las cualidades para convertirse en ciudad refugio.
«Primero creo en la historia del país. Es un país que se ha construido a base de inmigrantes, que ha tenido la capacidad de aceptar otras costumbres», señala Ollé-Laprune. Y luego los acontecimientos históricos que precipitaron el exilio de miles de uruguayos consolidaron esa visión del mundo.
«Cuando yo hablo con amigos uruguayos sobre el exilio sé que entienden de lo que hablo», concluye.
La cifra
50 es la cantidad de escritores que actualmente reciben el amparo de la Red Internacional de Ciudades Refugio en todo el mundo.
El último refugio de la palabra
En julio de 1993, tras el asesinato del escritor argelino Tahar Djaout, y por iniciativa del grupo Encrucijada de las Letras, un grupo de 60 escritores lanzó un llamado mundial para la creación de una estructura internacional que organizara acciones solidarias. Este fue el origen del Parlamento Internacional de Escritores, cuyo primer presidente fue Salman Rushdie, un escritor condenado a muerte por una fatwa (decreto) del recordado ayatolá Jomeini. Una década más tarde la estructura dio lugar a la Red Internacional de Ciudades Refugio (Icorn), que desde el año pasado cuenta con el estatus de ONG y tiene sede en la ciudad noruega de Stavanger. La red trabaja en estrecho vínculo con el Pen Club Internacional, una prestigiosa organización que reúne a escritores de todo el mundo.
En busca de un refugio para artistas de la palabra
25/Oct/2010
El País, Renzo Rossello